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La (dis)función del dinero fiduciario

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Desde el concepto neoliberal que domina el pensar sobre desarrollo económico estamos acostumbrados a definir “desarrollo” en términos de “crecimiento del producto interno bruto” y lo medimos en términos monetarios, en US$ si lo queremos comparar a nivel internacional, o en moneda nacional si nos limitamos a un análisis nacional.

Desde el concepto neoliberal que domina el pensar sobre desarrollo económico estamos acostumbrados a definir “desarrollo” en términos de “crecimiento del producto interno bruto” y lo medimos en términos monetarios, en US$ si lo queremos comparar a nivel internacional, o en moneda nacional si nos limitamos a un análisis nacional.

Damos por sentado este elemento como el elemento para medir el valor e intercambiar mercancías. Sin dinero no puede funcionar el mercado y si en una región falta dinero, la solución lógica siempre parece ser la traída de dinero prestado, y con este préstamo generar desarrollo económico. Y también damos por sentado que una parte del crecimiento generado tendrá que ser pagado a los prestadores. Además se acepta la lógica que, entre más riesgoso sea la actividad productiva para la cual se presta el dinero, más alto deberá ser el interés.

Esta lógica del mercado financiero imposibilita y/o limita el desarrollo de zonas marginales. Cuando la rentabilidad es baja y los riesgos altos, los prestatarios no estarán en condiciones de pagar el interés que el prestador necesita para poder obtener una ganancia. Bajo estas condiciones, proyectos de desarrollo muchas veces funcionan con créditos muy blandos o con donaciones financiados por agencias para el desarrollo. Pero aún con este apoyo el resultado muchas veces es de corta duración. Dinero generado a través de actividades productivas subsidiadas en general no permanece suficiente tiempo circulando en una zona para generar un verdadero desarrollo local, sino es gastado en su mayor parte fuera de la región para comprar materiales o servicios que no están disponibles en la zona y a los cuales antes no se tenía acceso. De esta manera, en una zona marginada siempre “falta dinero” y así la “escasez de capital” se convierte en un problema perpetuo o círculo vicioso.

Sin embargo, recientemente varios autores empiezan a mirar este problema desde otro ángulo. No miran solo la disponibilidad de capital, pero también analizan el carácter del dinero. Según ellos el problema financiero no solo es no tener suficiente, también se debe cuestionar el diseño y funcionamiento mismo del dinero como medio de intercambio.

Casi nadie se da cuenta que puede haber otro tipo de medios de intercambio que el dinero nacional y desde luego no se discuten otras opciones. Pero bien puede ser que gran parte de los fracasos que vemos con proyectos de desarrollo en comunidades vulnerables se debe a la no compatibilidad del dinero con las necesidades de las comunidades rurales.

 

Estamos acostumbrados de vivir con dinero, todos los días y no cuestionamos que es dinero, así como peces no cuestionan qué es el agua. [1] Pero el dinero no es un elemento puesto por el creador como son los elementos tierra, agua y atmosfera. El dinero es un elemento cuyas características todas han sido decididas por la gente que lo crea. O sea, por los bancarios que lo crean, tomando en cuenta en primer lugar sus propias necesidades de lucro. Y, bien, bajo presiones políticas de los gobiernos, las políticas monetarias pueden ser, de alguna manera, ajustadas a ciertas necesidades comunes del país, no solo de los bancos. Pero bajo la ideología neoliberal a lo cual casi todos los gobiernos de algún modo están dedicados y bajo la fuerte influencia que tienen las corporaciones internacionales y el poderoso sistema financiera en su totalidad, el dinero no está hecho para servir a los muchos campesinos, sino a los pocos capitalistas.

 

Tenemos aquí la oportunidad de ya no dar por sentado que en cualquier proyecto de desarrollo el medio de intercambio debe ser la moneda nacional, que es una moneda fiduciaria, es decir una moneda creada por bancos en forma de préstamos. Este dinero para muchas comunidades marginales no funciona como un instrumento para desarrollo, sino como un instrumento de dominio y extracción de riqueza.

Recomendamos considerar este importante cambio de paradigma, darse cuenta que proyectos de desarrollo local pueden adoptar su propio medio de intercambio, un medio que pertenece a la comunidad y que obedece a reglas que han sido definidas de forma participativa y pensando en una funcionalidad en respuesta a los problemas específicas de la zona. Un dinero paralelo que puede tener otras reglas, sin interés o con interés bajo y con la posibilidad de ser cambiado a dinero nacional aplicando ciertos desincentivos.

[1] Bernard Lietaer en “Money and Sustainability”, 2012

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