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Ilusión del mercado libre

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Las políticas de desarrollo en el mundo de hoy, en su gran mayoría, son políticas de gobiernos nacionales y/o de organizaciones internacionales que de una u otra manera parten de la ideología neoliberal y su concepto básico sagrado que es el mercado de libre competencia como el motor del desarrollo..

Pero la realidad de la libre competencia es una moneda de dos caras. No todos pueden ganar siempre y también hay aquellos que pierden la competencia y, lamentablemente, son los más vulnerables y desprovistos de recursos.

Tal es la situación de campesinos en regiones marginales que durante generaciones han sobreviviendo en condiciones de subsistencia. Para ellos, las políticas neoliberales para el desarrollo pueden no solo quedar sin el resultado previsto, sino también desequilibrar su delicado sistema de subsistencia y desde luego, aumentar su vulnerabilidad.

Uno de los objetivos de las políticas de desarrollo rural en general es el establecimiento, dentro de las explotaciones rurales, de cadenas productivas comerciales que pueden generar nuevos ingresos económicos. Con este fin, los campesinos deben destinar por lo menos una parte de su tierra para la producción intensiva de cultivos comerciales. Además de generar el máximo valor agregado para el producto con buenas prácticas de pos cosecha y procesamiento. Este tipo de nuevas prácticas se trata de introducir de la mano de proyectos que ofrecen servicios de formación y capacitación, acompañado de alguna forma de crédito para las inversiones de la cadena productiva.

 

En las zonas marginales, los campesinos solían vivir de algún sistema productivo de subsistencia, cuya prioridad más alta era minimizar riesgos. Estos sistemas en su forma ideal se caracterizan de una gran variedad de cultivos y animales, con ciclos productivos interdependientes que se complementan y que se amortiguan entre ellos en caso de pérdida de cosechas por cualquier razón.

Competir en el mercado requiere una estrategia totalmente opuesta. Un empresario agrícola, por muy pequeña que sea va dedicar una parte significante de su tierra a un cultivo comercial o una producción pecuaria especializado. Emprender significa tomar riesgos, la amortiguación del sistema es sacrificado por el deseo de mayores ganancias. Y se introducen técnicas e insumos que requieren inversiones para lo cual un pequeño productor necesita tomar prestado dinero. Lo que aumenta el riesgo, porque el cultivo de mayor importancia puede por alguna razón fallar y el productor puede quedar con la deuda.


Además, la introducción de un creciente flujo de dinero, conecta la vida de estos campesinos que antes vivían en un relativo aislamiento, con el mercado y desde luego con el mundo, justamente uno de los fines del desarrollo rural. Pero la experiencia de decenas de proyectos de este enfoque muestra que la participación de las comunidades aisladas y pobres en el mercado mundial globalizado no siempre les trae el beneficio esperado. Para la venta de sus productos, que generalmente no tienen una calidad muy buena y tampoco un gran volumen en la fase inicial, suelen encontrar todo tipo de problemas logísticos y de mercadeo; y para la compra de insumos enfrentan la misma lógica de pequeños volúmenes y dificultades logísticas que causan un aumento de costos. Como consecuencia, la situación de desventaja competitiva de la que estos pequeños productores deben partir es difícil de sobrepasar.

Desde luego, las experiencias donde las cadenas productivas implementadas por proyectos de desarrollo sólo pueden ser sostenidas a costo de medidas artificiales que protegen los pequeños productores del rigor absoluto del mercado, son numerosas. Por ejemplo: créditos blandos, subsidios productivos, asistencia técnica gratuita etc,. Las medidas proteccionistas que van en contra de la filosofía del libre comercio y que desde luego solo pueden ser justificados como medidas temporales, son necesarias mientras los productores protegidos mejoran su propia competitividad.

Pero esta temporalidad muchas veces resulta ser una ilusión. Las condiciones económicas son tan desiguales en ciertas regiones, que para poder participar en los mercados nacionales e internacionales, necesitarán estas medidas proteccionistas para todo el futuro venidero. Y no solo para las cadenas productivas, también en servicios de educación y salud e infraestructura y transporte, estas regiones necesitarán, para poder acercarse poco a poco al promedio de desarrollo nacional, inversiones más altas que en el resto del país. Lamentablemente, la realidad muchas veces es contraria: en las regiones donde la población es muy pobre, el gobierno está ausente y muchas veces es también más débil y con altos niveles de corrupción. Además, la distribución de los fondos nacionales tampoco contribuye a cerrar la brecha porque en su distribución domina la lógica neoliberal y como consecuencia, las regiones mejor desarrollados absorben la mayor parte del presupuesto..

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